SINA Y HASSAN

“Una boda en las islas”

 

Corfú, Islas Griegas

Se dice que el viaje comienza con un paso.

En una de nuestras cenas habituales de nuestra simpática pandilla de fotógrafos de boda, recuerdo a Raquel Benito comentando: “Tengo una boda en las islas griegas en junio”. En ese momento, suelto el rollito de primavera y le contesto “Yo voy contigo!!! Te acompaño”. Un mes después, Domin me llama para cerrar los billetes.

Llegamos a Corfú y nos fuimos los 4 embotellados en nuestro “cielito” (coche pequeñito y azul) a recorrer la isla y buscar las localizaciones. La boda se celebraba en lo alto de una colina, en el Palacio de Achilleion. Este fue el Palacio de Verano de Sissi Emperatriz! Lleno de estatuas de Aquiles y otras figuras mitológicas, parecía que nos habían transportado a otra época.

Ubicados en nuestro precioso hotel silvestre, y lleno de mosquitos exóticos (con los que luchábamos a toallazo limpio Cris y yo por la noche) empezamos el reportaje asistiendo a la casa de la familia de Sina que tenían al otro lado de la isla. Allí se veía un ambiente relajado y de los más cosmopolita. Gente de todas partes habían venido a celebrar el enlace y de paso pasar unas vacaciones junto a los novios, Sina y Hassan. En todo momento, por muy alto que estuviéramos, había unas vistas increíbles para recordarnos que el Adriático estaba ahí abajo.

La boda fue una experiencia preciosa. No sólo por ver el espectáculo del lugar elegido para la boda, ni que se casaran debajo de una estatua gigante de Aquiles, ni de que hubiera una cena en un patio al aire libre con un pianista que cantaba igual que Sinatra. La boda fue preciosa porque allí donde mirabas no había más que sonrisas. Había gente de todas partes del mundo, y todos estaban mezclados entre sí, compartiendo anécdotas de los novios; veías ese “feeling” que aprecias cuando todo tu alrededor está brillando de energía positiva, de amor… Fue un día para compartir, para conocer, y para juntos empezar una nueva historia, con toda su gente, ahora unida.

Gracias a Sina y Hassan por enseñarme que el amor une fronteras, y mucho más que una pareja. Gracias a Raquel, porque todo empezó por ella. Gracias a Cristina Rocha porque ese viaje fue el primero de los muchos que haremos. Gracias a Domin porque sin él todavía no habríamos llegado (es el Sherpa que cuida al grupo). Gracias a Moncho, mi amor, porque nosotros también hemos vencido las fronteras.

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